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  El Nuevo Diario
  6 de Diciembre de 1998 | Managua, Nicaragua
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Flora y Fauna Nicaragüense.


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Factores ecológicos

Suelo: Muy feraz de ordinario, de capa vegetal espesa y siempre húmeda.

Clima. Precipitación muy abundante; llueve habitualmente durante nueve a diez meses dejando de hacerlo casi por completo durante un período de 50 a 70 días durante los meses de Marzo-Abril y Mayo. Aún en los días secos, al anochecer, el bosque con frecuencia queda envuelto en densa niebla que no se desvanece hasta media mañana del día siguiente: el follaje retiene y destila agua como si en realidad lloviese.

Humedad relativa, por consiguiente, muy grande y continua.

Temperatura responde a la de un clima no tropical sin que nunca llegua a producirse escarcha (en dos ocasiones me han asegurado lo contrario -aunque como cosa muy rara y muy poco frecuente- por las montañas más elevadas de San Rafael del Norte). Las medias mínimas son relativamente bajas y las máximas medias no sobrepasan los 24 grados.

Factores biológicos

El bosque frío ofrece con frecuencia una línea de separación bien marcada del bosque tropical del piso inmediato inferior. La precipitación acuosa casi continua suplida en los días no lluviosos por una neblina densa y adherente, la nubosidad cargada de vapor de agua en que se ven envueltos durante muchas horas de la noche y del día, troncos, ramas y frondas, provocan una exuberancia de vegetación epífita que presta al bosque frío un sello peculiar inconfundible.

El suelo se cubre de musgos, de helechos y de Begoniáceas de gigantescas proporciones; por los troncos asciende hasta las más elevadas copas de los árboles un sinnúmero de trepadoras, y de las ramas bajan lianas que se entrecruzan en el aire caprichosamente.

Nadie ha hecho aún un estudio, no digo a fondo, pero ni apenas superficial de esta flora debido al poco tiempo dedicado a la herborización; con todo, el sólo ponerse en contacto con ese mundo vegetal nuevo le deja a uno impresionado y perplejo ante la novedad de las especies desconocidas, endémicas probablemente muchas de ellas.

Mantiene una asociación compleja de árboles de porte elevado y madera de construcción inexplotada y desconocida para muchos. Voy a citar unas cuantas especies: Entre las laureáceas, el canelo (Ocotea veraguensis), aguacate canelo, canelo barcino, aguacate (Persea gratissima), aguacate mico, aguacatillo (Nectandra sp.); además: el Lizaquí, zapotillo (Couepia?) areno, rozán, palomaría (casearia arguta), sauce de montaña (Salix chilensis) álamo blanco y rojo, mampaz, guavos (Inga); aparte del ocote o pino resinoso blanco y rojo, y varios árboles del género quercus y el citado cedro (Cedrela).

Menos abundantes son el tempisque, lechoso, granadillo, liquidámbar y varios que llaman zorillo; más raro aún el murciélago (Cornutia).

El ciprés parece haber desaparecido de zonas donde antes llegó a formar asociación como especie dominante: sólo he logrado ver dos ejemplares juntos y aislados a 4.100 pies en un lugar denominado "El Destino", cerca del camino que conduce de Yalí a San Rafael del Norte, restos indudables de esta asociación desaparecida. No lejos de aquel punto, al otro lado de "llano verde" con asociación de pinos, en Puspira, noapantado de Yalí, me aseguraron había un bosque de ciprés un tanto extenso.

No abundan mucho las palmeras; en cambio hay profusión de bellísimos helechos arborescentes de porte elevado.

Las epífitas, favorecidas por la humedad que permanentemente empapa el musgo de las ramas y troncos sobre los cuales descansan, son legión. Las orquídeas, muchas en número y especies, buscan con preferencia las ramas de los árboles más expuestos a la luz junto a los claros de la montaña; las bromeliáceas en cambio toleran mejor el interior de la selva virgen. Pero esa riqueza maravillosa sólo es apreciable cuando el viento huracanado sacude los árboles arrojándolos al suelo o desgajando sus ramas sin más vida ya, que la que soportan. Realmente es inverosímil la cantidad de especies que se hallan sobre un solo tronco caído en el suelo. Además de los dos grupos aludidos abundan como parásitas principalmente las gesneriáceas y lobeliáceas.

Aunque el origen de la fauna del bosque frío guatemalteco es casi enteramente de origen norteño, en el bosque frío nicaragüense hay que conceder algo más el alemento neotropical de origen sudamericano.

La chachalaca negra o pava negra de monte (Penelopina nigra) en Nicaragua parece habitar exclusivamente el bosque frío, nunca la ha visto, ni oído el característico silbido del macho, a alturas inferiores a 4.400 metros. No abunda el quetzal, pero tampoco es raro y no es difícil hallarlo si se conoce su alimentación (frutitos de aguacatillo, Pozán y otros árboles de la familia de las laureáceas, que en Costa Rica llaman Ira). La hembra sobre todo acude con mucha facilidad al reclamo imitando su canto.

El arisco jilguero de canto más melodioso y agudo que el fringílido europeo hace sus nidos en los paredones de tierra de este bosque frío con exclusividad; el rancho o ranchero (Procnias tricarunculatius) desciende a veces al bosque templado, pero su "habital" está dentro de esta zona.

Estas cuatro especies, tan nobles y destacadas, bastan para caracterizar la zona del bosque frío en un trabajo de la condición del actual.

Solamente sobre los valles y pastizales de esta zona he visto cipsélidos que nunca he logrado cazar, respondiendo a dos tamaños distintos.

Completan el conjunto más visible y aparente del mundo de la avifauna varios formicaridos, icteridos y túrdidos: en los puntos explorados por mí hay una notable disminución de dendrocoláptidos, traupidos, etc., con relación a los bosques templados: en cambio hay aumento de fringílidos; aquí se halla también el límite sur de los Certiidos (Certhia familiaris).

CONCLUSIONES

FLORA

Nicaragua, sin presentar zonas biogeográficas de tan sorprendentes contrastres como Costa Rica -por carecer de elevaciones considerables amplias- posee una flora sumamente interesante.

La depresión natural Río San Juan, Lago de Granada, Lago de Managua, parecen, marcar la línea divisoria entre la flora del Norte y la de Sudamérica. Ya esta sola circunstancia es de categoría para que nuestra región no pase inadvertida en el mundo científico.

Standley -autoridad incontrovertible en botánica centroamericana- hace coincidir la línea de separación con la de máxima expansión meridional de los Pinares. Yo no hago más que señalar por límite un occidente natural geográfico sumamente destacado de carácter más estable que el de una asociación vegetal; aparte de que hay indicios para sospechar que el bosque de Pinos pobló las cordilleras elevadas chontaleñas durante el último período glacial cuaternario en América del Norte, sin lograr franquear la frontera florística señalada.

Si atendemos al detalle de otras asociaciones florales, características de cada zona o de diversas subzonas, nos daremos cuenta de cómo se disputan el territorio de Nicaragua la flora sudamericana -que tiende a sobrepasar la divisoria propuesta en dirección norte por las costas de ambos oceános- y la flora norteamericana -que prefiere bajar por el macizo central montañoso de clima menos caliente, o por los valles de carácter semidesértico, reproduciendo la del SW de Estados Unidos.

La zona 2a. muestra más que ninguna otra esta lucha de las dos floras por la conquista de un mismo suelo: junto al bosque tropical árido caducifolio de tierras bajas pacíficas, se nos presenta la sabana natural herbácea que tiene su límite septentrional ya en Nicaragua más al norte de la frontera con Costa Rica, mientras que el bosque bajo sabanero tiene su límite sur en la Península de Nicoya, y la Sabana de tipo semidesértico de valles de ríos, termina como asociación destacada en la región central de Nicaragua después de haber pasado por Guatemala y Honduras.

FAUNA

La fauna vive solidaria de la vegetación que le proporciona habitación y alimento. Los límites, con todo, se hacen más imprecisos dada la mayor facilidad de movimiento de los elementos vivos que la constituyen.

El mundo de los mamíferos, no reconoce límites -como hemos indicado varias veces- extendiéndose por toda la región neotrópica casi con los mismos tipos genéricos.

Por lo que hace a la fauna entomológico, ya Bates en 1872 señalaba la mezcla de los dos elementos: norte y sudamericano, atribuyendo a este último cierta preponderancia en la parte de Chontales.

Debemos atender a la avifauna para llegar a una conclusión más precisa sobre zonas geográficas de Fauna: la invasión de Sur a Norte se verifica principalmente por la Costa Atlántica, por la pacífica, las aves de origen sudamericano avanzan en menor número de individuos y especies equilibrándose casi con los dos elementos de la invasión de la avifauna norteamerican. Donde adquiere preponderancia la intromisión del norte, es la región central elevada a través de los bosques de pinos y robles. Este conjunto de circunstancia tan peculiares, contribuyen a que el territorio de Nicaragua debe considerarse -desde el punto de vista biogegráfico- como uno de los más interesantes del Nuevo Continente. Por desgracia ha sido muy poco estudiado hasta el presente. Ojalá se susciten vocaciones que estudien a fondo la flora y fauna nicaragüenses relacionándolas con factores ecológicos tan destacados como son los que se dan en esta nación privilegiada para el estudio de las Ciencias Naturales.


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